miércoles, 12 de enero de 2011

SECUENCIAS NORMATIVAS EN EL DESARROLLO DEL YO.

CONCLUSIONES.
1° Principales formas de relación del niño con su madre y la influencia en su desarrollo afectivo.
En este punto, la autopercepción tiene que ver con la relación que se establece entre la madre y el bebé. La figura de la madre tiene la función de ser un punto de referencia para que el bebé, poco a poco vaya formando una pauta de si-mismo, pues de esta se forma una base donde el bebé elabora un retrato de él mismo como persona. Y así es posible que el bebé logre percibir a la madre como el ser que está al tanto de su realidad y ella es quien satisface sus necesidades. Se puede decir que, lo que en realidad lleva al bebé a tener cierta conciencia de sí-mismo, es lo que se desarrolla gracias al resultado de las inevitables demoras que pasan o suceden en el proceso de satisfacción de sus necesidades orgánicas. Para que esta relación, que se da entre la madre y el bebé, se establezca debe existir un lenguaje; el cual es un código, que les servirá hasta que el bebé comience la etapa verbal, tal es el caso de el llanto del bebé y la respuesta casi inmediata de la madre a las necesidades del mismo. Inclusive, el solo hecho de que la madre levante al bebé para calmar el llanto, que está presente antes de que la necesidad sea satisfecha.
Al inicio de la etapa verbal, el niño fortalece la relación ya establecida con su madre; donde surge la noción de posesión de objetos personales y no personales como son juguetes, y un cierto sentido positivo de la propiedad, todo se conceptualiza como “mío”, y  aparece la distinción entre el sí-mismo y los demás, por lo cual los objetos pasan a ser de quien habitualmente los usa. Además surge la referencia a sí mismo como tercera persona, hasta este punto el niño hace conciencia de sí mismo como entidad, que es el mismo sentido que percibe a los demás como entidades. Cuando en un momento el niño se refería a otro niño como “nene”, ahora se refiere a ellos utilizando el mismo vocablo o el nombre propio del individuo, que es empleado para referirse a sus posesiones y actividades.
Dentro de la etapa verbal, el niño empieza a utilizar el pronombre “yo”. Esto implica un cambio en cuanto a la percepción que tiene el niño de sí mismo, puesto que deja  verse a sí mismo como una persona semejante a otras personas, para convertirse en una persona que es distinta de los demás. Esto significa que el uso de la primera persona en singular, en un principio, le ayuda al niño a designarse, por si mismo, como una clase especial y única entidad personal que con el tiempo mejorara o empeorara, dependiendo el caso. Al haber alcanzado este punto en este proceso, se vuelven posibles las reacciones propias del niño en un nivel abstracto; estas son la identificación que el niño tiene con personas, objetos y valores, la incorporación de las normas, la conducta competitiva que llegara a desarrollar y, los juicios propios, los sentimientos de culpa y conciencia.
En la fase omnipotente, aparece una autoconcepto funcional. Es decir el niño piensa “mi voluntad debe ser muy poderosa, por cierto, puesto que siendo débil e indefenso  puedo obligar a los adultos omniscientes a complacer mis deseos”.  Cabe mencionar que todo este proceso se da entre los seis meses y los dos años y medios de vida, en periodo en que el niño es muy indefenso y es mucho más dependiente de la atención adulta (la madre), que puede llegar a ser paradójico e inclusive contradictorio en esta etapa. Este autoconcepto funcional se descompone en dos partes: ejecutiva y volitiva, así que las autopercepciones de independencia que el niño desarrolla y la dependencia ejecutiva hacia la madre resultan muy compatibles entre sí, en condiciones biosociales de la infancia del individuo. El bebé es totalmente indefenso y dependiente, es casi improbable que se dé cuenta de su incapacidad y  de su dependencia ejecutiva. Al principio se puede decir que el llanto del bebé no es volitivo; pero con la respuesta casi inmediata que la madre le da, empieza a ser un instrumento que se emplea para aliviar sensaciones desagradables que surgen en el proceso de satisfacción de sus necesidades.
Una vez que se adquiere la volición, facilita la percepción que el niño tiene, el acto de querer representa un antecedente vivido en diferentes secuencias causales. El niño puede ahora percibir que las expresiones de su voluntad no conducen a la satisfacción de sus necesidades por la percepción de su impotencia sino que solo mediante la intervención de su madre.
2° Repercusiones del comportamiento afectivo de los niños a partir de las relaciones fuera de la familia.
El niño inicia su interacción social con adultos, puesto que son ellos quien en un principio están a su alrededor. Los padres le presentan al niño una realidad selectiva de la sociedad, ya que solo le muestran lo que ellos consideran que puede llegar lo mejor en cierto momento de la vida del niño, esto de muestra que el hogar solo puede llegar a ser un anticipo esquemático ante la cultura general.   
Para el niño, las relaciones interpersonales no tienen cierta estructura que le ayuden a comprenderlo, y  buena parte de la diferenciación de este campo se da en el hogar. Así que al no saber cómo son las personas del medio en el que se desenvuelve y como debe reaccionar ante ellas, es muy normal que el niño utilice modelos y patrones de conducta empleados por los padres, y técnicas de adaptación que son muy usuales en el medio hogareño.
La capacidad que el niño desarrolla para entablar relaciones interpersonales con otras personas además de sus padre, se ve influida de cierta manera por las relaciones afectuosas que se dan entre el niño y sus padres, lo cual lo llevan a esperar ya sea lo mejor o lo peor de todas las demás personas; que los padres a través de su convivencia con el niño, no creen en él necesidades y expectativa que solo ellos quieran y puedan satisfacer, y no fomenten de manera alguna el desarrollo de las técnicas adaptativas más usuales en la mayoría de las situaciones sociales; si tiene problemas para relacionarse con las demás personas, el niño cuenta de manera incondicional, con apoyo, estimulo y la guía de familiares; que dentro de su hogar no haya construidos buenas alianzas ya sea que alguna situación las torne prioritarias; el que no hay adquirido ciertos rasgos de la personalidad o hábitos de adaptación de los padres en su convivencia diaria,, pueden llegar a ser ofensivos para algunos niños que le rodean; que no quiera o no este predispuesto a abandonar las relaciones entre familia para entrar a las relaciones extrafamiliares con el motivo de aprender roles sociales realistas.
La satelización del niño es otro de los factores que afecta la conducta del niño. El niño que es satelizado, el hecho de pertenecer a un grupo determinado de personas le proporciona como individuo un estatus derivado y un pequeño apoyo intrínseco para el desarrollo de su yo. En cambio con un niño no satelizado se puede decir que el campo de las relaciones interpersonales representa un escenario más donde el niño lucha para mantener su estatus intrínseco y la exaltación de su personalidad.

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